NUEVO ESCENARIO INTERNACIONAL: LA HEGEMONIA DE EE.UU-CHINA-RUSIA Y SUS RESPECTIVAS AREAS DE INFLUENCIA
El asunto es simple, le guste o no a la izquierda, a los nacionalistas, a los liberales, a los tradicionalistas, etc. A partir de la Guerra de Ucrania y la de Gaza, oficializado ya el Documento de Seguridad Nacional de los EE.UU de diciembre de 2005, el mundo ha quedado dividido en zonas de influencia: EE.UU en el Hemisferio Occidental, Rusia en el espacio euro-asiático y China en Extremo Oriente. Europa debe decidir qué hace. Si se encapricha en seguir con el modelo de la Unión Europeo, EE.UU no saldrá en su ayuda y quedará a merced del Islam fundamentalista. Habrá que ver cómo se articula la relación entre la Civilización islámica y el resto del planeta (no es un todo homogéneo). Respecto de nosotros, no parece estar en nuestras manos elegir a qué área pertenecer: estamos dentro del Hemisferio Occidental, bajo la hegemonía de EE.UU, que hará todo lo posible para expulsar la injerencia china o rusa (respetando sí sus respectivas zonas de influencia en otros continentes). La cuestión es cómo responder ante esa situación, como le sucede a Europa, África y parte de Asia. No estoy haciendo un juicio moral sino una descripción fáctica. EE.UU va a seguir interviniendo donde le parezca necesario de acuerdo a sus intereses y los de Israel. Rusia y China, idem., y ambos tienen buenas relaciones respecto de Israel aunque sin una alianza explícita, pero sí con el apoyo de judíos de peso como Soros en el caso de China. La ONU, la OTAN y demás tienen fecha de caducidad o se organizarán de un modo distinto a como lo venían haciendo desde 1945. En 1989 se acabó el Orden de Yalta y en 2022 el Orden post-Yalta. Sigue existiendo el Orden de Nüremberg, al decir de Aníbal D´Angelo Rodriguez: “Todo está permitido menos ser nazi. Y quién es nazi o no, lo decidimos nosotros”. La Argentina tiene tres opciones: resistir, negociar un acuerdo con el menor daño posible o claudicar del todo ante EE.UU. Lo primero sería lo ideal pero dudo que sea factible (salvo la resistencia religiosa y cultural); lo último sería traición a la Patria. Lo segundo puede ser lo más prudente pero no está en nuestras manos elegir entre China o Rusia, pues es evidente que esto es fruto de un pacto entre las tres potencias, fundamentado en el equilibrio de poderes, como en el siglo XIX. El acuerdo parece imposible, pues EE.UU tiene capacidad para imponer lo que quiera y dónde quiera, desde Alaska (y tal vez Groenlandia) hasta la Antártida. Pero en realidad no es tan simple: frente a China, no puede actuar sólo sino en alianza con naciones de Iberoamérica. Y es ahí donde puede haber una agenda común, sobre todo frente a la izquierda cultural, el islamismo radical y China (al menos con los EE.UU de Trump). La única manera de pasar a una resistencia (en diversos grados) es salvaguardar la Fe fundante de nuestra cultura hispano-criolla y latina, fomentando para el corto y largo plazo una Comunidad Hispánica de Naciones, hasta lograr que se tome conciencia de su necesidad, por encima de ideologías socialistas o liberales. En el “mientras tanto”, el acuerdo con EE.UU puede ser más benévolo si colaboramos con hispanos conservadores que viven en EE.UU y tienen cierta influencia sobre el Movimiento MAGA. Trump va a seguir actuando según su estilo patotero, pero abandonando del todo (ya casi hizo lo más importante) a los organismos internacionales. Alguno dirá que sería mejor hacer un acuerdo de ese estilo pero con Rusia o China. En un “universo paralelo” puede ser. En el real, ni China ni Rusia molestarán a EE.UU mientras esta potencia no moleste sus respectivas áreas de influencia geopolítica. En consecuencia, esas supuestas alianzas no son posibles: EE.UU renunció a involucrarse en el espacio euro-asiático y en China. Del mismo modo, China y Rusia renunciaron a involucrarse en América o Europa (basta con ver lo que dijo el ruso Daniel Estulin contra Maduro). Puede haber “chisporroteos” en el medio y algunos conflictos en zonas de influencia mixta, pero por ahora no mucho más. Los que siguen hablando de democracia, DD.HH, cambio climático, respeto por el orden internacional, etc. están hablando de un mundo que ya no existe. Dentro del mundo que está emergiendo, cada nación deberá ver cómo se inserta de la manera más acorde a sus intereses. ¿Es lo que nos gusta? No. ¿Es algo que podemos impedir? Al menos por ahora, tampoco. ¿Podemos preservar parte de nuestros intereses? Depende cómo nos organicemos frente a la nueva realidad. ¿Y la oligarquía financiera internacional? Es una unidad política sin asiento territorial pero que, al menos históricamente, ha influido en EE.UU, Europa, América, parte de África y Asia, Oceanía y la China post- Mao. Obviamente, en alianza con la Big Tech, las Big Pharma, las fundaciones “filantrópicas” y los organismos internacionales, tiene su mayor influencia en EE.UU y en la alianza de la Unión Europea con la ONU y China. Para el caso, sigue teniendo dos brazos, uno vía EE.UU y el otro vía China. ¿Qué nos conviene? ¡Thats the question!!! Cada uno puede reflexionar y decidir cuál es la respuesta correcta. Para iluminar un poco las inteligencias, recomiendo esta breve explicación del gran historiador español Fernando Paz.

