VENEZUELA, CHINA Y LA NUEVA POLITICA EXTERIOR DE EE.UU

En línea de principio no comparto que EE.UU se involucre en terceros países pese a que aborrezco la tiranía chavista y socialista de Maduro. Pero no voy a realizar una condena hipócrita como la de muchos que la hacen y nada dicen en contra de China, la invasión islámica de Europa o el totalitarismo democratico de la Unión Europea. Espero que de consolidarse el fin del “socialismo bolivariano” en Venezuela haya al menos algo mas de libertad y desarrollo economico para ese pueblo hermano, aunque con una democracia liberal tutelada por EE.UU no es mucho lo que se puede esperar. Sí me alegra “per accidens” que millones de venezolanos puedan regresar a su patria. Como enseñaba Santo Tomas, si de una causa buena surge un efecto bueno, nos alegramos del efecto y de la causa. Si de una causa mala surge un efecto bueno, nos alegramos del efecto y no de la causa. La causa es la acción directa de EE.UU y es mala, sobre todo porque sienta un precedente peligroso en el Continente. Había otros medios para terminar con la tiranía castro-chavista. Pero el efecto conseguido es el bien posible para que el pueblo venezolano salga de una tirania de casi 30 años.

Los hispanoamericanos tenemos muchos motivos para desconfiar de las intervenciones de los EE.UU que, desde la Doctrina Monroe y la formulación del Destino Manifiesto (con antecedentes ya en los Padres Fundadores) ha expandido su república imperialista entre nosotros mediante la usurpación de territorios, el fomento de separatismos, el apoyo directo o indirecto a golpes de estado, la intervención en favor de sus empresas, la difusión de sectas protestantes y un largo etcétera. Recomiendo al respecto la lectura del clásico libro “De Monroe a la Buena Vecindad. Trayectoria de un Imperialismo” de Carlos Ibarguren (h). A todo eso se ha sumado desde el fin de la Guerra Fría (1989) y hasta la primera presidencia de Trump (incluyendo al expansionista Biden) el globalismo en sus dos tendencias (la neoconservadora y la progresista), que fortaleció aún más la influencia de EE.UU en distintas regiones del planeta y también en Hispanoamérica (recuérdese la invasión a Panamá en ese año 1989) . Sin embargo, hay cambios en la política exterior de USA que no podemos ignorar a riesgo de opinar no desde la realidad sino desde la ideología. El nuevo documento de Seguridad de EE.UU (National Security Strategy/NSS) –5 de diciembre de 2025) mantiene la alianza con Israel, pero acepta la multipolaridad, defiende el estado-nación, critica el globalismo, rechaza seguir apoyando a la Unión Europea con la modalidad que existió hasta ahora y lo que sí pretende es conservar la hegemonia de EE.UU en el Hemisferio Occidental, sobre todo frente a China. A nosotros, pues, como hispanoamericanos no nos cambia mucho en tanto siempre fuimos “el patrio trasero” de USA. Además el giro geopolítico no implica que se haya acabado del todo el globalismo sea neoconservador o progresista. La Revolución anticristiana da siempre dos pasos adelante y uno atras. Tal vez este sea el paso atrás antes de una nueva embestida globalista. Por lo demás casi todo el resto de grandes actores internacionales (sobre todo China y la Unión Europea) tienen apoyo de los globalistas, incluidos sionistas de izquierda (salvo quizás Rusia e Irán, de los cuales el primero puede ser un aliado, no así el segundo, salvo que haya un cambio de régimen, poniéndose fin a 47 años de teocracia islámica fundamentalista). Pero si hay que elegir entre China y EE.UU, entiendo que es mejor aceptar como una situación de hecho (no de derecho ni por convicción) cierta alianza con USA aunque no sea algo para festejar. Sí podemos tratar de entendernos con el sector anti-sionista del Movimiento MAGA, con los tradicionalistas y con los paleo-conservadores, lo cual es imposible con la Unión Europea o con China. Pretender hoy, no en la teoría sino en la práctica, una tercera posición es utópico. Para poder ser un actor serio en el tablero de ajedrez internacional hay que formar una Comunidad Hispanica de Naciones incluyendo a España (que sólo se puede salvar del islamismo radical con inmigración hispanoamericana). Pero en el “mientras tanto”, una alianza condicional y con reservas respecto de EE.UU tal vez sea el camino más prudente, como hizo Franco en medio de la Guerra Fria. Eso sí, conociendo el riesgo de que EE.UU suele traicionar cuando un dirigente político o un gobierno ya no le sirve, como pasó con Batista en Cuba, con Ngô Đình Diệm en Vietnam, con Franco en España, con Somoza en Nicaragua o con el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) en Argentina, sin que la mención de estos ejemplos implique afinidad de mi parte con ellos, salvo el Presidente de Vietnam de Sur y Franco. En tal sentido la geopolitica de Milei es lamentable pues la subordinación a EE.UU, Israel y el Imperialismo Internacional del Dinero es absoluta. Algo se puede tolerar e incluso apoyar de sus decisiones pero no todo. Por lo mismo y pensando en el largo plazo es necesario fomentar alianzas con otras naciones hispanoamericanas y con España, único modo de poder equilibrar el poder militar, industrial y geopolítico de los EE.UU, aunque no al modo socialista y “progre” del Grupo de Puebla. Pero en ese “mientras tanto” al que me referí antes, a fin de no caer bajo la hegemonía china (como pretende el kirchnerismo) ni una sumisión absoluta al Eje Washington- Tel Aviv (como hace el mileísmo), puede servir de consejo y por analogía lo sostenido por el padre Julio Meinvielle en plena Guerra Fría. Así se expresaba en 1950: “En este momento, frente a la lucha entablada entre el bloque oriental de naciones y el occidental, no cabe posición intermedia. Hay que estar resuelta y decididamente, apelando a los medios necesarios, en contra de Rusia y del lado de los Estados Unidos. Las reservas que podamos y que debamos efectuar con respecto a la concepción americana de la vida, a sus ambiciones de unificación continental y a su imperialismo económico no deben amenguar el imperativo, de lesa civilización, que nos urge a estrechar filas con los Estados Unidos en contra de la Rusia soviética (…) En contra de una alianza con Estados Unidos frente a Rusia, muchos buscan argumentos en los graves males del capitalismo de Wall Street y arguyen que no es con armas sino con buena doctrina y con justicia que se debe combatir al comunismo. Sin duda, que las armas no bastan; pero son necesarias. Por otra parte, como lo hemos advertido, colocarse fundamentalmente con Estados Unidos en la lucha contra Rusia no puede implicar la aceptación de cuanto enseñen o hagan los Estados Unidos (…) Por esto, con la misma fuerza con que hemos defendido la solidaridad con los Estados Unidos en contra de Rusia Soviética, hemos de oponernos al panamericanismo, cuya historia no es sino el proceso de absorción por parte de los Estados Unidos de las repúblicas latinoamericanas” (Meinvielle, Julio, Pacto de Río, Presencia, 14-VII-1950). Años más tarde, en 1963 afirmó: “Las cosas se han puesto tan difíciles y cada día se han de poner peor (…) que una Revolución Nacional Auténtica pura, se hace difícil; es necesario hoy que todos los que están en posición anticomunista, sean nacionales, sean liberales, aúnen sus esfuerzos para hacer frente al comunismo que se cierne sobre nuestras cabezas (…) Hay que advertir que se trata de una lucha contra el comunismo ateo por la salvación de la Patria. En consecuencia, todos los hombres patriotas, sean nacionales, sean liberales, conscientes de la responsabilidad de la hora y del peligro que nos amenaza, deben unirse para salvar al país” (Meinvielle, Julio, El comunismo en la Argentina, Ediciones Dictio, 1974). Alguno podrá pensar que Meinvielle ignoraba la posible influencia del Imperialismo Internacional del Dinero en estas alianzas, que él observaba con buenos ojos aunque no sin precaución en la derecha norteamericana. Nada más ajeno a la verdad, pues dejó expresamente por escrito esa dificultad, al escribir en 1973: “La noble nación americana que, como todos los pueblos, tiene ansias de bienestar y de grandeza, percibe de modo instintivo todavía, que existe dentro y fuera de ella una fuerza deletérea que le carcome su substancia. Su vitalidad está amenazada. De aquí que, hace ya una década, ha aparecido en los Estados Unidos con proyección mundial una fuerza que se opone a los planes siniestros” de este Imperialismo. “Es difícil clasificar a dicha fuerza (Meinvielle no podía conocer entonces las diferencias que, dentro de la derecha estadounidense, había entre tradicionalistas, paleo-conservadores, libertarios, liberal-conservadores, neoconservadores, etc.), al menos hasta este momento, ya que no se presenta en toda su pureza sino confundida con elementos de la misma sinarquía”. El nacionalismo “que se está levantando en los Estados Unidos, al no presentarse en toda su pureza, está mezclado con elementos (…) sinárquicos (…) Esto determina que sea un nacionalismo en proceso de maduración, que a medida que vaya creciendo, se va a ir purificando de los elementos espúreos y va a lograr una alta temperatura de consolidación. Este camino no va a ser fácil (…) Sin embargo, el realismo político y vital, que es uno de los atributos de la noble nación americana, la va a ir colocando cada vez más en esta posición, la única que asegura sus auténticos intereses” (Meinvielle, Julio, Anexo a su Los tres pueblos bíblicos en su lucha por la dominación mundial, Buenos Aires, 1974). Como se ve, un análisis alejado de cierto tercerismo funcional a las izquierdas como del planteo demasiado “pro-yanqui” de la TFP. Expresado en términos actuales eso implica sí una alianza frente a China, al globalismo progresista y al Islam radicalizado. Más no suminión al Imperialismo norteamericano, al Sionismo y a la Masonería. Es un equilibrio difícil de lograr y que claramente no está en los planes de Milei. Pero es el único camino realista, según nos parece. Para los escépticos respecto a la malicia del régimen chino, recomiendo que se pongan al día acerca de las persecuciones que siguen sufriendo allí los católicos fieles, lamentablemente traicionados por el Estado Vaticano. EE.UU tiene muchos defectos, pero al menos allí y bajo su hegemonía, se puede practicar la Fe, educar a los hijos de acuerdo a los valores que tienen los padres (no por nada el “homeschooling” renació hace varias décadas en los EE.UU, así como hay numerosos estados en los cuales se celebra la Misa tradicional y existen ambientes intelectuales en los que se defiende la Tradición católica) y resisitr mejor al progresismo woke. Si hubiera una tercera opción práctica mejor, la apoyaríamos. Pero no existe. Y si no queda otra posibilidad que elegir entre EE.UU y China, entiendo que el bien posible es vivir “con beneficio de inventario” bajo esa hegemonía hasta tanto podamos tener una Comunidad Hispánica de Naciones con suficiente poder político, militar, industrial y económico que nos libere de la tutela estadounidense.